agosto 09, 2010

Cascada de Amapolas
















Emana de mí una cascada de amapolas
intensamente roja como el fuego;
tibia como las arenas de un desierto.
Conocen sus aguas lo más hondo,
lo más íntimo,
lo más vivo de mi cuerpo.
La caverna de amor donde me habitó la vida;
el túnel de luz que se abre al mundo;
el mismo túnel que es testigo
de mis placeres más profundos.
Cascada de amapolas y aguas espesas
que se me alejan gota a gota
y nunca más regresan.
Gotas que son como el vino:
embriagantes,
dulces,
alucinantes
para la incondicional pasión del ser amante
que va por la vida de la mano conmigo.
Gotas de oscuro néctar,
savia divina,
que con cada luna llena me prepara el camino
por si se vuelve a alimentar de mí la vida.
Mi manantial se irá para siempre un día;
se secará mi cascada,
mas mis amapolas no quedarán marchitas
pues soy mujer de fértiles terrenos.
Las sembraré en mis jardines nuevos,
y les daré de las aguas del ocaso de mi vida.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Genial forma de plasmar en letras un evento tan natural y a la vez tan intimo en la vida de la mujer.Tus letras embrujan. Gracias

Anónimo dijo...

Gran estudio poético de tu anatomia íntima a traves de tu sensibilidad de mujer. Aun cuando confrontas lo efímero de nuestra naturaleza al igual que las flores, el agua y otros elementos existe la semilla de la posibilidad en nuestro ser adentro de volver a renacer en "retoños nuevos" como dice Julia de Burgos en su poema. COLINAZO