agosto 24, 2010

Divagación por todas

Que siempre alguna se atreva a decir lo que nuestro corazón calla en un solo canto,
en un solo grito,
en una divagación común por todas.















Me llamo...
igual que todas nos llamamos.
Nadie sabrá el nombre que me asignaron con letras,
porque yo soy letra de todas,
y todas escribimos aquí.
Tengo la edad que todas tuvimos
y la que todas tendremos.
Hay en mi rostro un desierto de arrugas,
y en el corazón una rosa acabada de nacer.
Yo vivo en mí y vivo en todas.

Mi ser me lo parió mi madre.

También mi abuela,
mi tía,
mi vecina,
mi amiga,
mi hermana,
mi prima,
mi sobrina,
mi cantante,
mi poeta,
mi partera,
mi escritora,
mi prisionera,
mi obrera,
mi deportista,
mi víctima,
mi feminista,
mi campesina,
mi aborigen,
mi maestra,
mi bailarina,
mi patriota,
y tantas otras que hay fundidas en mí.

Tanto quieren escapar por esta boca,
tantas queremos echar el alma a volar,
que por eso me pluralizo,
por eso me multiplico;
hoy hablo por mí
y por todas las que quisieran hablar.

Hablo por las de cerca y las de lejos.
Las que tienen en su piel la oscuridad del ébano,
el sabor dulce y fuerte del chocolate,
la tersura del melocotón
o la palidez transparente de la luna.

Hablo por las que viven a pie descalzo
en callejeras esquinas.
Por las que viven de incógnito
bajo una maquillada faz.
Por las acariciadas y las golpeadas.
Por las que aman a hombres.
Por las que aman a mujeres.
Por las que aman a toda clase de seres.

Por las engañadas y por las fortalecidas.
Por las guerreras de la Vida.
Por las que ni siquiera respiran por sí mismas.
Por las sobrevivientes.
Por las que gritan y por las que creen no tener voz.

Por las vivas y por las muertas.
Y por las que no aman
porque están muertas en vida.

Hoy hablo por todas,
y a través de mí, todas hablaremos.
Mis palabras no vienen en son de calma.
Tampoco riman,
porque la Vida está lejos de ser poesía.
Además, soy muy difícil de domesticar.

Les presento en mí a la mujer.
La más sublime criatura.
Al alma que camina fuera del cuerpo.
A la soñadora de pies en tierra.
Soy inmensamente grande,
pero hay cosas más grandes que yo.
Mi deseo de vivir.
La energía de la Creación
y el AMOR.
Soy mucho menos inhibida
de lo que por costumbre aparento,
pero el mundo y su locura
me alientan a llevar hipócritas vestiduras.
Ando arropada,
cuando me gustaría andar desnuda.
¡Con el cuerpo y el alma DES-NU-DOS!

Desnudez: bella palabra.
Desnuda para nacer.
Desnuda para parir.
Desnuda para amamantar.
Desnuda para amar.
Desnuda para llorar.
Desnuda para morir.

Desnuda porque así lo quiero, porque así nací,
porque mi desnudez o mi vestimenta es un derecho
y no una provocación a que me hagan lo que no quiero.

Y si no puedo vivir desnuda,
quiero al menos vestir de rojo encendido en un funeral,
en pasional celebración por lo que fue otra Vida.


















Quiero hacer el amor vestida,
perdida en un laberinto de tela sin final,
donde solamente yo descorra la cortina,
donde yo, a mi paso, abra el espectáculo,
y baile al ritmo de mi ritmo para luego estallar.

Quiero vestirme de gala y largarme a sembrar.
Enterrarme con el sol a ver parir una semilla.
Que mis pies y mi vestido se cubran con tierra,
con pasto,
con las cosas verdaderamente hermosas…
y si me sobra tiempo,
¡tal vez algún día hasta me vista de rosa!

No sé si se lo imaginan los policías de la moral que me rodean,
pero también me encantan la palabras que tienen que ver con eso que llaman sexo.
Y de paso, gozármelo...cuando así lo quiero.
Y a veces también me doy el espacio
de ser poco más fría que un hielo.

Pero para no desviarme de las palabras,
¡bendito sea el lenguaje
que hace que todo sea más bello!

Me gusta escuchar
espalda,
lengua (¡ésta me gusta decirla!),
labios,
acariciar,
besar (¡qué hermosa es la palabra BESO!),
lamer(los verbos disfrazan de realidad el pensamiento)
y otras cuantas, diz que malas,
que por consideración al que hoy se sienta pudoroso,
me guardaré para mí por esta vez.














Pero de mi cabeza no sólo nacen pensamientos lujuriosos, locos o maravillosos,
también a veces le crece pelo.
Y cuando los tengo,
prefiero llevarlo largo y enredado.
Exactamente y justo como no le gusta, ¡perdón!
a la adorada mujer que me llevó dentro de sí.
Toda una indomable melena.
‘Como un pubis gigantesco’,
diría Mayra Santos Febres.

Anhelo dejar de sucumbir al deseo fugaz
y arrebatado
de picar sus hebras rebeldes,
de quemar y de quebrar sus ondas irregulares
para inútilmente apaciguarlo.
Anhelo renunciar a la insistencia de estar peinada,
a volverme simplemente...alisada.

De paso me sonrío y les hablo de mi cuerpo,
del cuerpo nuestro:
¡qué reflejo tan honesto me devuelve mi espejo!
Disculpen si las ofendo, deseadas hermanas
con pomposas curvas de televisivas modelos.
También a ustedes las quiero
pero, me admiro un poquito más.

Mi rostro y mi cuerpo
son tan sensualmente imperfectos,
tan llenos de huellas de experiencia,
de surcos abiertos por las lágrimas,
de cicatrices en el vientre distendidas
cual terreno arado sembrado por la Vida,
tan brillantes, tan sonreídas;
que a veces
hasta se ven hermosas acabadas de levantar.
















Mis senos ya no son lo que una vez fueron.
Han sido meticulosamente bien utilizados.
A veces, por el amor a estar viva,
¡soy tan fuerte que hasta prescindo de ellos!

El abismo entre mis pechos
(o el valle donde vivieron)
huele mejor que el perfume.
Tiene diferentes aromas:
a humus,
a maternal leche,
a sudor de infancia,
a latidos,
a incondicionales amores,
a llantos ajenos,
a dolor de alma,
a emociones presas,
al calor de un beso,
a vino derramado,
a suspiros,
a despecho,
a cansancio viejo,
al paso de los años,
a la ausencia de ellos,
a nada...
a respiración agitada
por querer saber.

Todos los años,
todas las verdades no son suficientes
para saciar estas ansias locas de conocer.

¿Cuántos mundos se suspenden
más allá del nuestro?
Necesito saber cómo hacen otros las cosas
lejos del territorio donde piso.
.¿Qué entra por sus bocas,
qué olor despiden sus poros,
qué ropa o plumajes se ponen o no se ponen,
o si por fortuna llevan desnuda la piel.
Si sonríen o si los insulto con mi sonrisa,
cómo se ve el mundo desde sus pupilas,
y qué cosas les importan.
Si el día es su noche y la noche es su día.
¿Qué música les agita el corazón?
¿Qué sufrimiento antiguo se les clava en el espíritu?
Cómo usan su cuerpo y su alma,
cuánto disfrutan, odian o cumplen
al hacer el amor...
Por cierto, ¿lo llamarán amor en otras patrias?

La palabra patria me recuerda
que la libertad me llama.
Mas mi mayor pecado es
que me ata demasiado el peso del corazón.
Sí; me ata el amor, ¡cómo me ata!

Me ata el amor grande que me llegó en cuerpos pequeños.
El inevitable,
el insustituible,
el sublime,
el interminable amor que de mí emana
desde que los latidos de otros fueron parte de todas
y cada una de mis mañanas.













Este manifiesto también va por ustedes, mis pequeños.
Por los que nacieron a través de mí
o salieron al mundo por otros túneles de luz.
Por los futuros hombres y mujeres
que saldrán al sol desde la sombra de nuestras alas,
para que nos recuerden a imagen y semejanza
del mar potente y de su reflejo.
Madre, mujer y ser: espejos de infinita fortaleza.













Me ata sin miedo el amor de otras mujeres,
y el incomparable sentimiento de sabernos una.
Conscientes, humanas, pensantes, participativas.
Capaces lo mismo de empuñar un martillo,
que de soplarle vida a una semilla,
de llevar en la espalda a varios niños,
de andar sin pausa aunque no tenga ganas,
o de revivir una huérfana avecilla.

Hermosa palabra la que represento: mujer.

También me ata el amor de los hombres.
Me he montado por amor en el sube y baja
de una interesante y heterogénea convivencia.
¿Será que el feminismo en mí sucumbió
ante su masculina presencia?













El amor de un hombre me ha atado
con las cuerdas del respeto y de la solidaridad.
El amor de un hombre me ha subyugado
con más amor que el mío por la Vida
y por la humanidad.
¿Pues, qué le voy a hacer?
Me rindo, manos arriba, ¡estoy atada!

Pero se diluye mi voz entre el llanto...
el canto al amor de mi compañero hombre
se opaca por el dolor de otras con diferente canto.
Porque algunas de nosotras
nos hemos montado con terror en el sube y baja
de una degradante y violenta convivencia.
Nos hemos sembrado en un jardín de cactus
abonado de sequía y de calor.

















Desde un cementerio de espinas
siento que me llaman
amadas mariposas moribundas.
He visto sus alas descoloridas
luego de que han sido ya arrancadas,
y sus almas enterradas en la fosa más profunda.
Y yo he muerto con ellas.













Morimos juntas cada vez que han tronchado
nuestros reclamos de libertad.

Nos matan un poco cada día que somos
territorio de otro
en vez de ser luz de nustro propio espacio.
Morimos cada vez que
nos marca el rostro y el alma el golpe ruin e indiferente del tirano.
Nos desvanecemos juntas a diario,
invisibles bajo cada grito ahogado
por la tinta de un periódico y el peso de los años.

Pero juntas levantaremos la frente.
Desvestiremos la angustia de lágrimas recientes
y yo juro, susurrando mi promesa
a las interminables horas de estos días
que no mojarán tus penas
ni una gota de las mías.

De nosotras saldrá un círculo de brazos,
un diáfano espejo,
un hombro de acero y de amor un reflejo,
donde podamos a ciegas colgar los retazos,
los viejos despojos de aquel fiel cansancio,
para que al claro del alba levantemos el vuelo.
Ni amarga congoja,
ni lástima hiriente,
de nuestras bocas sólo palabras fervientes
y letras reunidas en versos rebeldes,
pura algarabía que nos llene el alma
y borre con su calma la melancolía.

De mi baúl de emociones
no emergerá visible mi dolor,
y de mi pena no mostraré ni un vistazo.
Sermos montaña; así me haré inmensa,
y a la distancia, desde lo más alto,
seré recordatorio de lo inmenso de tu fuerza.

Mucho nos han matado.
Pero en estas divagaciones reencarno
y como dijo Walsh,
gracias doy a la desgracia y a la mano con puñal
porque me mató tan mal, y seguí cantando*.

¡Vean cuántas otras veces nos levantaremos juntas para seguir andando!

...cantando al sol como la cigarra,
después de un año bajo la tierra,
igual que sobreviviente
que vuelve de la guerra...

* “Como la Cigarra”
María Elena Walsh

6 comentarios:

desencuentros dijo...

He leido por encima tu trabajo y me gustaria profundizar sobre el tema tan interesante que presentas sobre nosotras las mujeres .
Asi lo miro y yo, desde ese espacio. No obstante no quiero pasar sin darte las gracias por tu trabajo y por compartirlo en este foro de mujeres que será de mucho provecho para el crecimiento de cada una de nosotras. Luego más adelante retomare este ensayo poetico y te dejare mi visión sobre el mismo. Saludos y te pido que continues en esa búsqueda de la unidad y el amor como lo has hecho hasta ahora. Abrazos

Anónimo dijo...

EXCELENTE. NO PODIA PARAR DE LEER. ERA COMO UN BALSAMO TU ESCRITURA. PASION, TERNURA, CORAJE... ME TRANSPORTE A LUGARES DENTRO DE MI SER. VIVENCIAS. TE FELICITO.

Anónimo dijo...

VISITE ESPACIOS, CUBICULOS, HABITACIONES, LUGARES DENTRO DE MI. NO PERMITI QUE NADIE ME HABLARA, ME TOCARA, RESPIRARA... MIENTRAS CONVERSABAMOS. SI ASI LO SENTI. SENTI QUE ME HABLABAS Y YO ATENTAMENTE TE ESCUCHABA. TE FELICITO.

Tercer Piso dijo...

Isabel,

He leido esta entrada muchas, muchas, muchas veces. Ya es parte de mi credo como mujer. Motivas, confirmas, fortaleces...
Gracias por esta Divagación...
Un abrazo profundo, dentro de ti, dentro de todas, todas en mi y yo en todas

Isabel Caballer dijo...

Gracias todas por el regalo de su lectura y su retroalimentación. Espero haber logrado el propósito de reunirnos en letras. Abrazos.

Anónimo dijo...

Hoy me enfrente a tus palabras, y me senti muy pequena... Una particula de nada, ante la que siempre fui. Quizas hoy, en el cumulo de amarguras que cubren mi alma devastada por perder al ser que se hizo uno en mi, no encuentro la sobreviviente que siempre dije ser... La mujer que el amo y respeto. Quiziera retomarme en algun momento de este largo y pesado caminar que llaman vida y que hoy para mi se a tornado en solo un caminito extrano y cubierto de zarzas en el que debo avanzar a toda prisa para llegar a su encuentro... Quizas, logre internalizar en algun momento que fui mujer antes de su presencia en mi vida!... Pero por ahora, solo logro recordar que nunca me senti mas libre que cuando libremente cedi mi libertad para ser como el nombro una de sus pinturas: :"Prisionera libre por la razon de ser". Y que bnuna fui mas felizz que cuando mi felicidad era hacerlo feliz. Y que nunca me senti mas mia que cuando fui suya! Y nunca mas mujer que al estar unida a su cuerpo!
!Y ya no se quien soy! Solo mi nobre... !Soledad!