octubre 01, 2010

Hados implacables en este devenir angosto.



Perfumando el espacio,
la niebla de seda del dolor de mis versos
como remiendos de luz cortadas en pedazos,
cual collage de encajes,
deshechos por el tiempo,
la palabra melancolía despierta en mí
cada mañana.

Hados implacables,
en este devenir angosto,
solos,
destinados a olernos y habitarnos,
silencio de flautas,
testigo de mis encuentros

Angustia de espacios
que se agitan en mi vida,
anhelo fugaz de remotas distancias,
de querer escapar hacia el monte,
descubrir a Dionisos entre las sombras
y embriagarme de vino con él
hasta el cansancio

Aguas exteriores ,
desarrollan frescas su baile.
voluptuosos Movimientos de larga espera
inhalada presencia la de tu ser
sobre gasa de agua evaporada,
apareces,
luminicas fronteras,

Inerme y sereno en tu entrega
a la brevedad de la vida,
entre mis sábanas blancas te pierdes,
te deslizas
y resbalas transparente.
Tu boca besadora,
me besa,
Con sabor primitivo y dulce.

Nos miramos en el espejo del alma,
Todo está en orden divino,
sin costumbres ni tiempo.
un sonido puro brota de mi garganta,
Callado como un árbol.
Doris Melo Mendoza
de septiembre. 2010



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