noviembre 12, 2010

Otros sueños

¿Quién habría de fingir un orgasmo
para cambiar de color el ocaso,
detenerse en un desfiladero
algún lugar para todos ajenos?

Nada es una sombra cuando se es verdadero
ni la ausencia, ni la presencia definen algo,
pues la relación tuya y mía en la coexistencia
es una orgía de colores en una ladera.

Y por favor:
nunca emancipes los huéspedes
para que no se quede solo el luto,
recuerda: la andadura del trote
no empuja de nadie ningunos tiempos.

En una lisonja ahora vacía
yace el recuerdo mío
porque esta experiencia es porfía.
Y hoy me ha recordado
que aún me pertenezco,
que todavía florezco.

No me afana el interludio
la grandeza de lo ambiguo,
porque esta franja no precisa
más bien que nos reduce las penas.

Pues comprender de todos no es el destino
para no pecar con algún desatino
las anchas de aquel pérfido
se diluye con otros sueños.

1 comentario:

desencuentros dijo...

Un poema muy violento muy preciso de una voz poetica en rebeldia que transgrede los canones todavia vigente de lo que debe ser una voz femenina. Es bueno encontrar personas que tienen este dinamismo que corren tras los lobos que son guerreras de luz. Gracias por compartir este espacio. Doris