noviembre 15, 2010

Síndrome de Hero

Tras la travesía, la del nefasto final de su marido. Adela se había dejado morir entre colchones viejos y manchados en los que "dormían" los dos. Los dos no, él solamente. Pues ella se quedaba despierta para verlo dormir; acariciaba su rostro, besaba su frente. En ocasiones, cuando discutían y se sentía realmente ofendida, ella se hacía la dormida. Mas en realidad dormitaba, pues contemplarlo era su sueño.

Adela amaba tanto a su marido que hacia todo lo que el le pedía. Planchaba su ropa a las 6:00 a.m., preparaba su desayuno a las 6:30, lo levantaba a las 6:45. El marido en actitud fría, comía su desayuno y se arreglaba para trabajar y sin despedirse partía para su trabajo. A las 7:30, ya no habitaba nadie en el hogar solo ella, hasta las 4:30p.m. que el regresaba a cenar. Se hizo una costumbre. Esta repetición constante de tareas se quedó en la mente de Adela aún después de que su esposo falleciera. Preparaba el desayuno e imaginaba que él se lo comía. Y así vivió durante mucho tiempo. Hasta que aceptó que él se había marchado para siempre.

Entonces empezó a visitar su tumba. Todos los días le llevaba flores. Al regresar se acostaba sin hacer absolutamente nada. Enflaqueció, no comía. Por fín dormía, claro con pastillas. En sus sueños el único que se repetía era el de su boda.

Anoche Adela siente un beso en la frente. Siente que la acarician. Al abrir de sus ojos creyó ver a su difunto esposo. Creyó escuchar que estaba bien, creyó escuchar que no se preocupara. Esta madrugada, se levanta contenta.

Y despues de quince años se observó bien en el espejo. "Me veo demacrada"- pensó. No se había dado cuenta hasta hoy que tenía la cara arrugada. Que sus ojeras llegaban a sus mejillas. Que su boca estaba seca y su tez que es negra se veía pálida.

Entonces coloca el espejo frente a su sofá favorito (no el de ella, sino el de su exmarido). Se sienta y en un trance de quince minutos, logra ver en el espejo a una niña con vestido de boda. Atrapada. Se alzan cristales, se llena de agua, se ahoga. Adela al ver su pasado yo ahogándose; se traga de un golpe (como si fuera un tequila) la copa de vino que había en la mesa a su derecha. Tanto tiempo estuvo la niña reprimida, ahogada que ya era hora de salvarla.

Comprendió que tenía que seguir con su vida. Entonces mató a la Adela anciana, decaida y abatida por veinte años de opresión que aguantó por su difunto, sumándose así los quince que perdío cuando él se fue. Mató a su esposa, mató a su criada; Con un beso en el espejo diciéndose ya soy libre. Se quitó el anillo y lo tiró por la ventana. Justo en ese momento, ve como se vacía la pecera en la que la niña estaba. La niña se levanta y después de escupir agua, le sonrié. "Gracias"-imaginó que su yo pasado le decía. "Soy libre"-Se dijo al ver el espejo y prometerle a la niña que volverá a ser ella misma. Adela muere... Adela, vuelve a amarse...

3 comentarios:

Tercer Piso dijo...

Conozco a Adela. Me gusto mucho tu cuento, Aurora. Gracias. Un abrazo.

Nefertiri Del Viento dijo...

Muy bueno. Continuémos educando nuestra niña interior. La que no deja de ser y la que siempre esta dispuesta a aprender. Gracias.

Anónimo dijo...

me encanta :)