noviembre 18, 2010

Soledad


En esta soledad eterna, soledad cambiante…

Te sumerges en mis sueños como la misma sangre que corre por mi cuerpo, por mi débil cuerpo.

El silencio calla, las calles callan, el viento calla, la sombra calla, las ventanas y las puertas callan, quizá algunas almas siguen más vivas que nadie, las demás solo duermen…

Pero otras tantas, (como la mía) simplemente caen a ese abismo de sensaciones que durante el amanecer no se perciben.

Otras tantas solo observan, sienten, huelen, saborean a esa la llamada soledad, tan vacías, tan hambrientas, sedientas de todo lo que pueda apaciguar aun mas su insípido estado.

La materia de pronto se convierte en una simple extensión sin sentido del mundo real.

La realidad es otra, es aquella que sientes desde la punta de los dedos de tus pies, hasta la cabeza, pasando por todo aquello que pueda pasar. Todo. Estremeciéndolo hasta el hartazgo.

Esas son las almas que vuelan sin rumbo, son las que se bañan en soledad cuando la luna sale del horizonte.

Quizá hoy tenga suerte.

Quizá hoy si pueda dormir tranquila.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Bienvenida Veeniza, me gusta mucho esta escena que nos describes, esta vision de la Soledad. Gracias por compartirlo y gracias por unirte a Ovarios! Tercer Piso