diciembre 12, 2010

Entretejiendo liviandades inimaginables.




Noche de inviolables espacios para el conjuro,
tu rostro bosquejado en cada esquina de la noche,
como cristal en la memoria,
aguardándote inconclusa.
sin propiedad ni residencia;
dejando que el suspiro recorra su camino.

Hojas caen rechinando tu respiración
cuando la melancolía me delata,
alargándose mi sombra en penumbras,
rodando boca abajo,
contagiante, inmensa,
indetenible,
interminablemente húmeda, indefensa.


Temblorosa la lluvia lame las adoquinadas calles.
Las sombras tiemblan,
perfilándose en el horizonte de mis recuerdos
entonces te pinto con mis dedos húmedos
al compás de la danza de los conjuros,
soliviantando tu alma intranquila.

La noche, con voz asombrada de silencios,
se viste de olvidos, apurada en el después,
y es que todo es tan breve.
Somos líneas sutiles del tiempo y la distancia,
imágenes que invento,
absurdos , tronando en contratiempo.
Entretejiendo liviandades inimaginables.

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