marzo 02, 2011

Las voces que nos amarran.

¿Cuántas voces en nuestra conciencia? ¡Y cuántas consecuencias tienen cada una de esas voces! , Escucho la voz de mi abuela cuando me dice que las mujeres necesitamos marido y por poco me caso con alguien que era más mi amigo que mi amante. Aún luego de reconocer mi sexualidad e identificarme como mujer lesbiana, continué escuchando la voz de mi abuela y he pasado por tres relaciones largas y consecutivas. En este momento en el que decidí tomarme un tiempo para disfrutarme y estar soltera, escucho la voz de mi abuela y flaqueo con relación a mi soltería. Escuché esa voz que me decía que las mujeres debían estudiar, casarse , tener hijos, saber limpiar , planchar y llevar las cuentas.
También escucho la voz de mi madre, que me repite que si estudio no me quedo limpiando en la casa. Y salí de la escuela superior y aunque quería irme a viajar me lancé al bachillerato. Una vez terminé y me fui a trabajar, volví a escuchar la voz de mi madre y me arrojé a la maestría. Aún no termino la maestría y ya escucho la voz de mi madre para que haga el doctorado. La voz de mi madre también la escucho cuando me ensucio la ropa o el cuerpo, pues las niñas deben estar limpias y arregladas siempre.
También escucho la voz del cura del pueblo diciendo lo abominable que son los homosexuales y lo rápido que nos quemaremos en el infierno. Y la voz de mi bisabuela que me decía que no me juntara con un negro porque dañaba la raza y la familia. Y la de mi abuelo que me decía que una no tiene que aprender a hacer ciertas cosas, mientras puedas contratar a alguien que las haga por ti. Y a mi tío que dice que esta familia nació para ser pobre, a mi padre que me pide que no mire el pasado y a mis maestras que me decían que somos una mezcla de tres razas, aunque la raza, no exista.
Escuché a mi abuela decir que había que estar en todos los piquetes de la FEPI, la FUPI, la UJS, la MST, el PIP y de todos los grupos conocidos ahora como de los pelús y terroristas revoltosos. Entonces cada vez que no puedo ir a una marcha, por alguna razón importante, me retuerzo de culpa y cargo de conciencia.
También escucho a las voces que nunca escuché. Esas que no me hablaron de que el amor debe ser justo, que las mujeres podemos hacer cosas maravillosas y grandes, que no es justo sufrir por amor, que una puede reconstruirse y transformarse, que hay que llamar y buscar la abundancia. No escuché las voces que me hablaran de sexo, de enfermedades de trasmisión sexual, de los actos sutiles de violencia, de qué hacer si te agreden sexualmente. No escuché que una podía amar y simplemente amar sin importar el sexo al que perteneciera la persona amada, que las plantas eran buenas para el oxígeno, que la gente podía ser cruel, que masturbarse se sentía rico, que el sexo podía ser tan genial como violento, no me hablaron de lo importante que es mirarme con un espejo la vulva o que había que negociar en la cama. Esas cosas las descubrí luego, con miedo, con vergüenza, con dolor. Me pregunto si hubiese sido diferente. Si hubiese aguantado el silencio del abuso por menos años, si no se hubiese muerto aquel cactus, si hubiese comenzado mi actividad sexual consensual más tarde en la vida, si me hubiese comenzado a masturbar más temprano o si no hubiese estado tan cerca de la violencia por tantas veces.
Entonces, mi planteamiento no es que no sea responsable de las decisiones que haya tomado en mi vida, pero es importante reconocer que si hubiese tenido un discurso diferente durante mi proceso de crianza, las decisiones pudieron haber sido distintas. Que cada una de esas voces, las de nuestra familia, las de la escuela, de las amistades, de las instituciones, de la publicidad, tienen un efecto dramático en cada una de las mujeres de este blog y del mundo. Y menciono las mujeres, porque aunque reconozco que los hombres han tenido su tajada de opresión y represión, nosotras nos hemos llevado la peor parte. Hemos aprendido a que nos avergüencen las cosas más naturales, a tenerle miedo a lo que sentimos y experimentamos, a la soledad, tener miedo a hablar y ser asertivas, a descubrir ese mundo que se esconde en nuestros cuerpos y nuestra mente, a tener miedo de vivir desde nuestra libertad y deseos, a pedir, a exigir a complacernos y que nos complazcan. Hemos aprendido que las mujeres debemos ser cuadradas, predecibles, delgadas, calladas y complacientes. Descubrir esas voces nos permite escuchar la nuestra.
¿Cuántas voces hay en tu conciencia? ¿Y cuántas consecuencias han tenido cada una de esas voces?

3 comentarios:

jmeh dijo...

quizá sea por eso que la paz se encuentra en el silencio?

Zuly dijo...

¿Tú cres jmeh? ¿Y crees que en algún momento realmente estamos en silencio? Yo creo que todo, fuera y dentro de nuestro ser, nos habla constantemente. ¿Hoy tu cuerpo no te dijo nada? A mi me dice que es hora de dormir y que no me estoy sentando derecha. Puedo estar equivocada, no sería la primera vez, pero creo que el silencio, no existe.

Oye, y gracias por comentar!!!!

La Chela dijo...

Mil voces, los nahualts las llaman mitotes, que muchas veces he tenido que golpearme la frente para sacar los Mitotes. Mil voces, mil vivencias,miles de recuerdos millones de que hubiese pasado si?