marzo 04, 2011

¿Por qué me desnudo?

Estoy criada aquí, en una isla con pudores extraños, donde La Comay, TV Guía, VEA, entre otras, desnudan continuamente a la clase artística, donde salen a relucir los cuernos de unos, las adicciones de otros y las cirugías de unas cuantas. En éste lugar donde me crié y aún vivo, el Estado se mete en la cama de la gente, aprobando y desaprobando las actividades sexuales. Incluso los periódicos como Primera Hora tienen un bombón cada semana, una mujer que posa con los pezones y el pubis cubierto (porque eso es lo que tapa un G-string), una mujer que se desnuda por una razón desconocida para mi. Los políticos se desnudan unos a los otros, los cantantes desnudan a los políticos, los políticos desnudan a los raperos, y al final todo es un despelote. Claro, un despelote hasta que Carla Capalli se desnudó en alguna calle de San Juan. Ahí salió todo el proceso de crianza acerca de la verguenza, el pudor, el miedo, la represión que había que darle al cuerpo, represión que se le da a algunos cuerpos, a los cuerpos que reclaman, que inciden, que protestan, que exigen al cuerpo físico.

Siempre he pensado que al final, hay más de una desnudez y que cada una de ellas es política, incluso la desnudez del cuerpo que vende Medalla. Las mujeres tendemos a desnudarnos más seguido, nos desnudamos con el cura, con el o la pastora, con la sicóloga, con el médico, con la amiga, con la vecina,en el blog, en los poemas, en un email, en una carta, con la técnica del PAN, con la ginecóloga, con la pareja, con la que nos cuestiona porqué no estamos todavía casadas o preñás, con el que critica nuestras estrategias de crianza o con el que no pregunta nada. Pero también somos a quienes más desnudan. A mi me desnudaron por 9 años de mi vida, me desnudó mi padrastro cuando se metía a mi cama todas las noches, me desnudó luego la agente de delitos sexuales cuando me preguntó los detalles de aquellas noches que apensas recordaba, luego la fiscal cuando me preguntó porqué no lo había dicho antes y finalmente la taquígrafa cuando no podía transcribir todo lo que yo decía y me obligaban a repetirlo. A mis participantes las desnudan las agencias, las parejas, la violencia, la policía, los procesos. A algunas de mis amigas las ha desnudado algún profesor, algún tipo en la calle, algún compañero de trabajo, alguien. Nos han desnudado por varias razones, porque nos obligan a repetir historias de dolor, miedo, porque nos abandonan, porque no se esfuerzan para apoyarnos, porque ganan más que yo con la misma preparación, porque mi jefa aunque trate no me puede pagar el 30 por falta de fondos, porque me dicen bruta cuando manejo, porque a ella el profe se le cruzaba en el pasillo y le miraba las nalgas, porque le gritaron “vaya mami, si cocinas como caminas me como hasta el pegao’”, porque no me escucharon, porque me mienten, porque no aceptan que ella no quiere bailar o porque no nos creen. El Estado desnuda a las nenas que tienen que declarar frente a su agresor, a las mujeres que no pueden huir porque hay relaciones paternofiliares, a las que quedan desempleadas y no tienen con qué mantener a su familia, a las que no reciben ni un centavo porque no son ni de aquí ni de allá.

Desnudarse, incluso frente al espejo, es un acto de autoreconocimiento, de rendirse, de mirarse, de ser dueña de este cuerpo imperfecto lleno de chichos, arrugas, estrias, celulitis, lunares, barritos, pelitos y no sé qué más. Es un acto político desnudarse con algún/a amante, rendirse a otros ojos, a otra conciencia, a la posibilidad de juicio, de crítica, de desilusión. Desnudarse es un acto político en todo momento que una lo escoja, por las razones que sean, porque propone la inclusión de otras conciencias lejanas a la de una.

Pedro Julio, Margarita Sánchez y otros/as tantos/as se desnudaron en las vistas públicas donde se discutía la sodomía. Carla Capalli se desnudó por los osos polares, las de Uruguay se desnudaron por los derechos reproductivos y otras cuantas se han desnudado por el arte. Me desnudo, porque esta vez, yo lo elijo, porque nadie me obliga, porque mi cuerpo imperfecto es al final el mismo cuerpo de mis comadres, porque mi cuerpo ha vivido esperiencias iguales o parecidas a las de mis comadres. Me desnudo para balancear las muchas veces que me han desnudado a mi sin yo elegirlo. Me desnudo como un acto de poder, en un país con pudores extraños.

Escrito para Las Musas Desprovistas y sin Sostén, 2009.

Aquí los videos, por si no sabes, lo que fueron Las Musas.

2009




2010





3 comentarios:

Anónimo dijo...

¡Bravo! Por tí y todas las mujeres, un acto de solidaridad con fuerza,...bravo.

Zuly dijo...

Anónimo, gracias.

La Chela dijo...

POR ESO SOMOS LAS FUERTES, CON MONGA TRABAJAMOS, CRIAMOS HIJOS, ATENDEMOS LA CASA, ESTUDIAMOS Y ELLOS SUS SOPITAS LIPTON!!!!