marzo 25, 2011

Fantasear o no fantasear...

Tenemos diferentes modelos de familias y de relaciones amorosas. Representaciones que se manifiestan tanto en la cultura y en los proceso de socialización como en ese maravilloso aparáto electrónico llamado televisión. Nos vamos construyendo, o hasta imaginando, lo que queremos en nuestros noviazgos, matrimonios e incluso como queremos criar y que sea nuestra familia; probablemente mucho antes de comenzar a ovular. Entonces vamos adquiriendo una formación de pantalla chica que propone lo que seremos cuando seamos grandes. Sin embargo, debo reconocer que con las etapas de crecimiento vamos cambiando nuestros deseos y percepciones de la realidad en comparación con esa realidad presentada en televisión.

Recuerdo cuando en mi infancia mi mayor deseo era ser una sirena. Por supuesto, mi película favorita era The Little Mermaid y me la pasaba horas cantando en la bañera llena de agua, sus canciones, imaginándome recorriendo los mares, hablando con pecesitos y cangrejos. Me imaginaba que el tridente de mi padre (padre que no tenía ni tengo), Tritón, me podia convertir en lo que quisiera. Claro que ahora entiendo lo jodido que hubiese sido ser sirena, no saber dónde está mi vagina, cubirme las tetas con conchas y oler a pescado todo el día. Eso sin contar con el asuntito de comer algas todo el tiempo, pues me supongo que no me comería a mi amigo Flounder el pez ni a Sebastián, el cangrejo, así que crustáceos y organismos con escamas estarían fuera de mi dieta. ¡¡Lo que hace la inocencia!!!

Cuando adolescente, mis fantasías fueron un poco diferente. En ésta etapa, soñaba con que Abel, el más pequeño de los de Menudo, me invitara al cine o a comer. Soñaba con pasearme en cada concierto con él, tomada de la mano, mientras mis amigas gritaban desde el público. Entonces, no sé si es porque he tenido guille de cantante, pero igual me sabía todas las canciones que él cantaba y por supesto las cantaba en cualquier oportunidad que tenía de estar sola.

Otras veces soñaba con que era un Hada madrina, que podía concederle deseos a todos y a todas y por supuesto a mi. Además, me encantaba la idea de poder ser transparente y ver lo que la gente hacía sin que supieran que estaba ahí o saber qué pensaban. Tener la magia de hacer trajes hermosos en un segundo, de convertir cosas en otras cosas, de viajar a donde quisiera sin dinero, de ser libre. Para este momento se habrán dado cuenta de que mi nana fue la televisión.

De adulta no fantaseo mucho, me parece que recibí muchos mensajes en contra de tal actividad. Sin embargo, cuando lo hago, son imágenes bien vivas, reales, las siento en el cuerpo, puedo oler, sentir el sabor de las cosas, excitarme, mojarme y quererlas para mi vida real.

Ayer estaba viendo un episodio de The L Word, y había una escena donde una lesbiana, una mujer grande, con facciones fuertes, unos brazos espectaculares y con una actitud de bucha "me lo merezco todo", que estaba coqueteando con otra mujer, supuestamente heterosexual. En esa escena, luego del coqueteo, la bucha se le mete al baño a la otra, la pega contra la pared, le planta un beso en la boca, le agarra la nuca, le pega el cuerpo mientras le acaricia una teta. Esa imagen me movio todos los poros.

Entonces no se trata de que la mujer estuviese bien buena, o de que deseara que me pasara eso con ella, sino de que en muchas ocasiones esas imágenes que vemos, las fantaseamos transformándolas en nuestra realidad. Mis deseos de ser hada no tenían un contexto ni marco imaginario, sino real. El ambiente para yo ser hada era el que vivía todos los dias. Igualmente, con la sirena y con Abel. El contexto era el de escapar de la realidad que me agobiaba todos los días.

¿Cuántas veces hemos visto algo en televisión, una escena, una persona o una historia y hemos deseado que eso nos pase a nosotr@s? ¿No les ha pasado nunca? A mi sí. Lo triste del asunto, es que a veces las fantasias nos abrazan de tal forma, que en nuestra adultez, terminan siendo nuestras peores enemigas. Creo que debo aprender a mantener las fantasías bajo la almohada, que no se me escapen, porque terminan atravesándome el alma, mucho más si alguien las alimenta.

1 comentario:

La Chela dijo...

Jamás dejes de fantasear, por favorde vez en cuando saco mi Peter Pan pues odiaba a campanita, hoy una de mis nietas tiene hasta los panties de esa cosa. Pero, salgo de mi rutina, fantaseo con un Pavo Grande y volar al país de nunca jamás con mi pavo y hacer muchas fresquerías, jajajaajaja
mua
Gracias Zuly