abril 18, 2011

Como regateando la risa en fuga...







Y el mar aulla con su voz vacía,

esculpiendo su rostro por la pena

de sueños que insisten como anzuelos relucientes,

en medio de la confundida soledad.



Ingrávida, me bebo el humo de los sueños,

llenándose la brisa de violonchélicos gemidos.

Cómplices de los prados abiertos de mi piel.

¡Insistente pesadumbre! Eternas paradojas.



La noche se lanza dispersa ,confundida

desmenuzando sus pechos como medusa

vaporosa de aromas, de soles

como regateando la risa que se fuga.





Y yo sigo aquí, cruzando la hora de los peces,

en el ocaso de mi vida,

deshilándome en el fuego

navegada de insomnios

desde la misma ausencia.



Pero las horas pasan lentamente sabias

arrinconándonos en una esquina solitaria,

intercambiando espumas sacudo la conciencia

tropezando siempre con muros imaginarios.

Es la pequeña vigilia tatuada en llama viva

donde la lluvia se sumerge en el silencio

y la armonía caduca…

Doris Melo Mendoza

En el libro, Rasgando la memoria. (2011)

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