junio 01, 2011

Moradas

Reposados los espectros enhuellaban

examinados de lejos a sus anchas.

Sin destinos, ni enlutamiento,

Monarcas eran ya conocidos.



¿Por qué habrán residenciado

estas sombras tras el mobiliario?

Es cuando nuestros bienes adornaban

en aquella luz que no parpadeaba.



Y una morada que hoy es cárcel

refugio abierto a los tribales,

¿cuál era el destino de los males

que vagando nos enseñaban?



Ahora escondidos en mansiones

todos ignoran, nadie quiere, ni ve;

transportar ahora es el destino

de lo que una vez reprendimos.



¡Ay, pesar de mi alma!, lo que yo he visto

cuanto amo se ha entenebrecido,

porque nuestros herederos han fornido

aquel albergante que nunca debieron.



Su dominio ya no es el espacio

ni el cielo, ni viento, ni callado;

hoy en las sempiternas almas se ocultan

y agradecen el hueso de Satanás.



Éste ha engañado la tranca de la puerta

pesada de amor, instrucción, también calor,

del calvario, de la oposición y llantos,

de la redención que con sangre aseguramos.



Aquellos ya no se ven en las calles

no hay quien los distinga ocultos;

pobre del destino, de los sueños,

y pobre de los que más amamos.



Reclamo liberación, en el nombre del Señor.

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