julio 17, 2011

Detrás de los espejos biselados de la noche

 



Lienzos blanquecinos guardadores de memorias
ocultándose en  su propia oscuridad
 para seducirme  en este carnaval sin nombre.

Con sabanas de silencio  me arropan 
mordeando el verso
pero las utopías se escurren dócilmente
como tatuaje de mariposa efímera
y tu perfume se pierde,
en medio de esta soledad barroca.

Acordes tibios de guitarras
exhalan  entre las sombras el humo esbelto,
desde un silencio despeinado
detrás de los espejos biselados
ondeando en la espesura del viento.

Cuando las sombras caen
y se develan los conjuros,
desnudando mantras,
entre espacios sin paredes
en el aroma de las ruinas
sombreando tu imagen etérea
por la melancolía.

Retorciendo imágenes,
buscando entre los vericuetos de mi historia,
rebeldes fantasmas se cuelan
impregnados de embriagante incienso.

Es la voluptuosidad del todo,
que atrapada en telarañas
gime solitaria en la desesperanza
sobre papeles que sienten profundamente
en este laberinto encrucijado.

Silencio de ojos abiertos,
en el que nos buscamos sin hallarnos,
¿cómo mitigar este ancestral sentimiento de abandono?

Lloviendo siempre flores,
sobre adoquinadas calles,
respirando sueños agotados en decadencia
en el vórtice de tus labios,
impregnados de mares implacables
Para quedarme muda, sin nombre,
como garzas desnudas volando desmemoriada.
Doris Melo 2011

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