agosto 26, 2011

Perdidas


Al fin logró despertar. Tenía la boca seca e hinchada. El dolor de su cuerpo era minúsculo cuando recordaba la pena sangrante que le estrellaba el alma contra los muros y las rejas de la prisión. ¡Cómo odiaba esas paredes despintadas por el tiempo y la soledad de tantos otros desconocidos! ¡Cómo odiaba el hecho de que se interpusieran ante el más sagrado abrazo!
Cuando la arrestaron, había trabajado en la tienda de ropa doble turno, tuvo que faltar a su clase en la universidad. Regresó a casa cansada y sólo pensaba en abrazar a su nena y dormir juntitas hasta el otro día.
- Gracias por cuidarme la nena, Nilsa, de verdad:
- No te preocupes ¿quieres comer algo? Hay bistec en el microondas.
- No. ¿La nena comió?
- Sí.
- Gracias amiga, ahora sólo quiero dormir….
- Tu ex llamó. Quería saber si podía llevarse la nena por el weekend, le dije que te llamara…
- Si, ya me dejó un mensaje, pero lo llamo mañana.
- Nos vemos, chica.
- ¡Cuídate!
Irene cayó rendida en la cama con su chiquilla a su lado. Nunca se imaginó que esa noche sería la última vez que escucharía en mucho tiempo el respirar sereno de ella, el latir de su corazón, sus ojos morenos cerrados en tranquilo sueño.
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Soñaba que… que estaba en un barco de pescadores y que asombrados, sacaban de sus redes melones de agua. Eran los melones más dulces que había probado, aunque fuera un sueño. Eso pensaba Irene con lágrimas en los ojos, ya sin sentir asco en las entrañas mientras un guardia del Centro de Detención la violaba contra la pared manchada de limo. ¡Qué gracioso! Pensó, al reconocer en su atacante un rostro latino, igual que ella, quizás hasta de su mismo país. Ya no luchaba, ya no gritaba, ya no mordía, ya no escupía, ya no se trincaba, ya no insultaba, ya no maldecía su suerte o el color de su piel. Sólo se dedicaba a pensar en otras cosas, como a recordar el rostro de su bebé, o cuando vio el mar de su tierra por primera vez a los cinco años, o cuando tomaba clases de baile antes de quedar embarazada de su novio.
- You’re not gonna leave me, OK!
- Tu no eres mi dueño, Benny I’m sick of you!
- Mi hija…
- NUESTRA hija! She an’t be happy with us like this, peleando todo el tiempo. Se acabó.
- You’re gonna pay for this ok! Puta mojada de mierda!
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Cuando los ojos de Irene volvieron a ver los de su niña, ya su niña era una mujer. Era la maestra de kinder de su nieto mayor. Pudo reconocerla al instante. Los ojos le centelleaban de alegría ¡Que suerte la mía, Dios mío, es ella, es mi nena, la encontré! La maestra notó la inquietud de la abuela de su estudiante favorito. Irene tardó varios segundos en recuperar el aliento y la vida perdida hace tantos años. Sacó de su cartera una foto de su primera hija cuando era bebé y se la mostró a la maestra. ¡Justo allí, Irene y su hija renacieron!

4 comentarios:

Tercer Piso dijo...

¡Bienvenida YINA! Esta primera publicación es intensa y estremecedora. ¡Wow!. Gracias por compartirla.

Yina dijo...

Gracias! Espero que la lectura del cuento mueva a la reflexión! Un abrazo solidario a todas!

Giovanna dijo...

Tu siempre tan conmovedora al escribir. Perticipe de todos los derechos feministas, sigue asi que muchas mujeres te lo agradeceran.

Carlos Enrique Lugo Lorenzo dijo...

El relato se logra sentir. Me gustó mucho.