agosto 10, 2011

Vocaciones de papel



El ser humano es el único animal (Homo sapiens, ¿sapiens?) que para asegurar su existencia, traiciona la propia especie, ya no me queda duda y Puerto Rico se ha convertido en el paraíso de los traidores. Aquí la traición es condecorada, se premia con títulos, poder y gloria. La traición es el alimento de la politización, por eso cada vez es mas obesa, finalmente mórbida.

La politización y los intereses personales, han generado una guerra sin cuartel contra todo aquello que huela a comunidad, solidaridad, hermandad, compromiso, todo lo que pudiera interpretarse como un movimiento de avanzada, de evolución…me temo que debe ser porque la palabra evolución se les parece a revolución y para no “tomar riesgos” los destruyen. Todo lo que suene o sepa a excelso, sublime, a liderazgo en contra del status quo, es eliminado.

Hoy le tocó el turno al Dr. Vargas-Vidot (sí, escribí ¡DOCTOR!) Lleva Vargas-Vidot días (en realidad años, pero en estos días ha estado muy activo) en la radio hablando sobre la salubridad, la medicalización de las drogas, el plan de salud del gobierno y otros asuntos “delicados” para los oídos de los poderosos. Entonces, nace la nefasta figura de la Dra. María Rodríguez, (que en su casa la conocen) quien ha tomado de su tiempo, tan valioso para cuidar enfermos, y ha redactado una querella contra Vargas-Vidot, lo acusa de no tener licencia de médico, por lo tanto, todo su trabajo comunitario realizado en Puerto Rico con los adictos, deambulantes y el trabajo en Haití, es una afrenta a la clase médica de nuestro paraíso terrenal.

Recuerdo, que el 29 de enero de 2010 médicos LICENCIADOS (los que les gustan a la Dra. Rodríguez) de Puerto Rico tomaron las planas de los periódicos del mundo, por aparecer en fotos tomadas en Haití con “vestimenta alusiva a su profesión y debidamente identificados”, con armas y bebidas en sus manos, las mismas manos que unos momentos antes curaron enfermos y heridos sobrevivientes del terrible terremoto que había estremecido a Haití. Por cierto, luego el Colegio de Médicos decidió no imponer ninguna medida disciplinaria. Esto debió trastocar la fibra de esta doctora licenciada, certificada y juramentada, sin embargo, no supe de querellas radicadas ante ningún foro por la Dra. María Rodríguez…

Honestamente no había escuchado antes de la Dra. María Rodríguez, no he leído sobre su trabajo por los pobres, por los adictos, por los que apestan, pues no se bañan, por los que nadie quiere, no la vi repartiendo las frisas de Kmart que Vargas-Vidot pidió para arropar a los deambulantes, no la vi bajo el sol curando a nuestros hermanos haitianos heridos y enfermos… ¿Dónde ha estado usted, María?


Dra. Rodríguez, sepa usted que no me ha hecho falta, pues para mí y para mi país, usted nunca ha existido. Sin embargo, Vargas-Vidot sí existe y es una gran pena que los pacientes del doctor, los que él ama, no tengan acceso a los medios, a Internet o al Secretario de Justicia Federal para que ellos puedan también expresarse, tal y como usted lo ha hecho.

Estoy segura que cuando uno de los pacientes de Vargas-Vidot se detiene frente a su automóvil en un semáforo para pedirle una limosna, ni los mira. Estoy segura que si los ve caer al piso, no se detiene a recogerlos. Sin embargo, Vargas-Vidot y su equipo de trabajo lo hacen todos los días.

Dra. Rodríguez, hoy usted confirmó a este pueblo que como dice nuestro sabio refranero “el hábito, no hace al monje” Su título de doctora, no ha aportado un ápice a su realización como ser humano, pues las vocaciones no se adquieren de un papel, vienen del corazón y se traen de nacimiento. Le invito a que pregunte al pueblo los títulos que le otorgaría al Dr. Vargas-Vidot y prepárese para escuchar una lista interminable de atributos y virtudes que a todas luces, a usted le hacen mucha falta. ¡Que mucho usted pudiera aprender con él!

Ciertamente, la única salida digna para que repare el daño de su maldad y para dar el justo valor al papel que hoy lleva la tinta que le permite ejercer en nuestro paraíso, es que me lo haga llegar para con gran placer poder limpiarme el fondillo.


Un sábado entró Jesús en casa de uno de los jefes de los fariseos para comer, y ellos le estaban observando. Había allí, delante de él, un hombre hidrópico. Entonces preguntó Jesús a los maestros de la ley y a los fariseos: ¿Es lícito curar en sábado, o no? Pero ellos se callaron. Entonces le tomó, le curó, y le despidió. Y a ellos les dijo: ¿A quién de vosotros se le cae un hijo o un buey a un pozo en día de sábado y no lo saca al momento? Y no pudieron replica a esto.
Lucas 14, 1-6

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