enero 23, 2012

¡Nuestro cuerpo, nuestro territorio!

Mostramos nuestro brasier porque cada una lo elegimos individualmente y nadie más tiene el derecho de elegirlo u obligarnos. Lo mostramos porque nadie debe quitarnos la opción de negarnos a una acción que requiere el uso de nuestro cuerpo. Mostramos nuestro brasier porque es una responsabilidad social reclamar igualdad y justicia para tod@s los cuerpos, desde el poder de nuestros cuerpos.


El equipo de Taller Salud, luego de analizar la situación del despido de la artista Gricel Mamery, de el Canal del Estado esbozamos nuestra posición bajo este escrito.


Tengo que admitir que nunca había pensado en ser figura pública, ni personaje de la farándula. No quería estar en las revistas que se leen para matar el tiempo en la fila del supermercado. Siempre pensé que las mujeres que salían en esas revistas creaban una imagen generalizada y distorsionada de lo que éramos las mujeres en Puerto Rico. Siempre quise hacer algo bueno por otras personas; estudiar el comportamiento humano; dedicarme a trabajar por la justicia social y la equidad: escribir.

Sin embargo, hoy, casi una semana después de que un chismólogo le alzara la camisa a Grisel Mamery y le tocara los senos sin su consentimiento, me doy cuenta de que la representación no es tan distorsionada nada.

Es por eso que me avergüenzo de mí y de todas aquellas personas que han enjuiciado a Grisel o que han asumido el silencio desgarrador de la complicidad. Me avergüenzo de la gente que ha ignorado de manera burda la agresión sexual que experimentó Grisel Mamery esa noche en las fiestas de la calle San Sebastián. Es un acto de agresión porque muy bien se ve en el video que han circulado los medios, que la animadora no consintió que le alzaran la blusa y la toquetearan. Se ve que la tomaron por sorpresa; que le quitaron el control para decidir si quería que utilizaran y objetivizaran su cuerpo.

Grisel no es tan diferente a la mayoría de las mujeres que en este país experimentamos al menos una agresión sexual en nuestra vida: desde una agarrada de nalgas en una fiesta, hasta un acto de violación. Tampoco experimenta de manera diferente la vara punitiva del Estado. Una vara que castiga a hombres y mujeres de manera diferente, más leniente para los hombres, más absurdo para las mujeres.

Me avergüenza que el canal del Estado diga que las mujeres que hemos sobrevivido una agresión sexual no somos bienvenidas porque nos han tocado sin consentimiento. Me avergüenza que WIPR nos diga a las mujeres que no podemos mostrar nuestro cuerpo porque somos la imagen del canal, pero no le de el mismo mensaje a los varones que trabajan en el canal. Me avergüenza que un evento de agresión sexual se haya convertido en un juicio social sobre la moralidad de una mujer que experimentó un acto violento disfrazado de broma o diversión. Me avergüenza que seamos intolerantes antes la desnudez del cuerpo femenino y no seamos intolerantes ante la violencia que viven las mujeres --como Grisel --bajo un Estado y un país machista.

Nadie ha juzgado a Raymond Arrieta por levantar su propia camisa y mostrar su tetilla. Raymond, a quien tampoco conozco es la cara de la caminata contra el cáncer. La gente lo quiere por su buen acto anual. Para él, no tiene consecuencias mostrar su cuerpo. Igualmente, el desconocido que violentó a Grisel, también se bajó los calzones y mostró su trasero, pero contrario a ella, se libró del escándalo nacional.

El país sólo se espantó por la inmoralidad del cuerpo de las mujeres. Parecería no ser tan humano como el de Raymond y el del chismólogo. El cuerpo femenino debe confinarse a la intimidad, al recato, a la moralidad específica, (porque tiene tetas), pero sólo cuando no funge como objeto mediático para la venta de algún producto o para la representación falsa de la belleza femenina puertorriqueña.

Las mujeres que experimentamos una agresión sexual y las que decidimos enseñar las tetas voluntariamente no somos menos capaces de hacer nuestro trabajo con excelencia. ¿Qué tiene que ver el brasier de Grisel Mamery, la elección de besar a un hombre que no era su esposo o perrear con quienes pensaba eran sus panas, con su capacidad de ser animadora?

No conozco a Grisel Mamery. No sé qué trabajo ha hecho, cómo se llaman sus hijos, ni qué sueña para esta isla. Pero sigue siendo una mujer.

Como lo hemos hecho antes, nos expresamos--por Grisel y por las que como ella han sido víctimas de agresiones, víctimas de juicios arbitrarios y sensacionalistas, víctimas de un patrono absurdo e inescrupuloso, víctimas de la doble vara—y les enseñamos nuestro brasier... libre y voluntariamente. Les enseñamos nuestra capacidad de decidir; enseñamos que no hay vergüenza en nuestro cuerpo; decimos que la libertad de las mujeres comienza cuando tomamos conciencia de que tenemos la capacidad de asumir nuestra vida y deseos, nuestras consecuencias y riesgos.

Mostramos nuestro brasier porque cada una lo elegimos individualmente y nadie más tiene el derecho de elegirlo u obligarnos. Lo mostramos porque nadie debe quitarnos la opción de negarnos a una acción que requiere el uso de nuestro cuerpo. Mostramos nuestro brasier porque es una responsabilidad social reclamar igualdad y justicia para tod@s los cuerpos, desde el poder de nuestros cuerpos.

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