marzo 22, 2012

Cada peca por un beso

Te propongo un trueque,
de los narcisos ovalados que te cubren los hombros,
como a cuadro renacentista, de un DaVinci, bohemiado
pero que al final nadie ha pintado,
más allá de los rayos del sol.

Entrégame con intereses los puntos que aún ni tu vista alcanza,
pero que te arropan la carne que me ata a esa piel que cargas,
que te me abalanzas,
o quizás soy quien me rindo sin miedo,
con un discurso nunca antes pronunciado,
y me empeño en vegetar cual artista en prisión en el veneno dulce de tus pechos guardados.


Te propongo un cambio,
un beso mío por cada peca tuya,
que a lo mejor no es una peca,
es una nota musical,
de alguna canción que te canté, una noche,
sin saber cantar.

O quizás es una historia, de amor inaugural,
o un verso, de algún poema mío a mitad.
Quizás no son pecas, porque corren mi ciudad corporal,
y se me quedan en el pelo y en los labios,
se incrustan en cada caricia digital.
Y si no fueran pecas,
igual las cambio,
por una noche de besos contigo,
bajo aquel árbol,
que nos acarició el abdomen,
narciso y vano,
que me nacen recurrente a cada vista,
y se multiplica, cuando caminas, cada vez más hacia mí.

Te cambio cada peca por un beso,
aunque si me das otra noche
u otro día eterno,
ya no te quede ni una sóla marca en el cuerpo,
ni una sóla peca,
porque me las habré tragados todas,
en ese momento incierto,
en el que le suplique a tus brazos,
que me sometan al encierro.

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