abril 24, 2012









Gran luz amarillo brillo de tu amor,


luz de tu esencia, sangre de fuego en tus venas


de vida en color, más atada a tu tierra,


solitaria de tus páramos,


amapola amarilla de montaña,


reina hada del bosque de las sombras,


en tu despertar iluminas espíritus olvidados


del corazón más profundo del bosque.


Mas tu hermana sangrienta roseta de penitente


nace debatiendo que color vestirá su flor


violeta de reflejo de luna,


manchada de sombras de amor a la noche,


o rojo cual granate hechizado de corazón de sangre congelado,


sea cual sea su manto, no olvida


vestirse de todos los colores


con el negro más opaco


de recuerdo al fin y el resurgir,


al comienzo del pétalo amado.


Aun sabiéndote amante de la soledad


también creces en familia,


de sangre marcada tu insignia


recordando que quisiste tener corazón


y te ataron a la tierra,


hasta en tierra muerta creces,


para aliviar tu pena poco necesitas,


tu belleza alivia tu alma,


del viento obtienes tus caricias,


de insectos los besos, y del tiempo


el sustento para tus semillas de tus urnas,


ciegas nacen, ciegas caen a la tierra en la noche de lluvia.


Un día de primavera a una


se le ocurre el sueño de despertar,


pronto sus hermanas la siguen,


en belleza de la vida ves nacer y morir,


espíritú de reina tu entraña amapola,


nadie te odia, muchos te aman,


bendices la casa si tú, gran luz,


floreces amarilla en la rocalla.


Mas si tu bendición es ser blanca y morada


das el sueño de la más bella hada.


Si naces roja y negra das tranquilidad y alegría


al espíritu que en guerra se encuentra,


si eres roja como el carmín del deseo


tienes el amor del camino que cruzan las almas,


como tu eternidad en la tierra


a la que te ligas y esclavizas.


Quién te daría ese nombre de amor,


quién te nombraría desde la antiguedad


planta de la alegría,


quién conoce tus secretos,


sólo quien se funde con tu sangre,


quien ve tu alegría en la primavera,


que te cobija,


quien ama la vida,


reina flor te ve en la tierra


y amada musa tu belleza,


quién te conociera, quién te conociera.








El Castellano

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