abril 04, 2012

Lit et summun Canae


El amor en tus ojos,
la verdad escondida en tus besos,
palabras en aroma de jara y espinos
por tus labios bebidos.
De tu pecho es la amapola,
de la vida es la muerte,
del amor por el contrario
nunca será la soledad,
puedo en tu mirada el fuego atravesar.
Con tu manto de silvestres flores
se viste tu acaramelada piel,
la nieve creó y vistió de mi piel su color,
te espero allí donde el grillo canta su canción
allí donde el árbol centenario observa a su mochuelo,
allí en la orilla del río viendo al pez
saltar por su mosquito.
Donde la luna atraviesa la nube
y a la rama de violeta viste.
Donde mis lágrimas las secan espigas,
y la verdad se desvela de secretos.
Solo allí te vi sin necesitar ojos,
allí nací pez y me cortaron las aletas,
sólo allí nací pajaro y me cortaron las alas,
allí me cansé de ver y acabé viendo tuerto,
solo allí sentí que mi espíritu
nunca se vería muerto.
Te vi a ti y sentí amor completo,
amor eterno.
Luna ven, acompañáme este sueño,
cabalga conmigo hasta el fin del tiempo,
mata conmigo del cielo su dulce tormento,
baña de azul este horizonte sediento.
Rompe mis cadenas, llévame allí
con mis sueños y anhelos.
Haz florecer todas las semillas que llevo dentro,
clávame en tu tierra,
déjame volver vergel tu entraña.
Déjame amarte diosa madre,
bendice los soldados de este guerrero de la Tierra
dios de sus sueños,
druida señor de lo que mata pues revive
hasta el más muerto enemigo caido
para de su legión haga su servicio.
Acompáñame en la batalla,
no me dejes desfallecer, no me dejes caer,
sé mi luz, mi amor, mi esperanza,
sé mi amparo entre sombras y demonios,
que quieren mi alma tener.
No abandones las súplicas de esta humilde
voz, de este corazón que en insomnio te adoró,
y a tu fiel amor rezó,
aun con el demonio en su interior,
y al día la sonrisa del cómplice ángel redentor,
benerando el resplandor del Sol de la creación,
dueño y señor de este mundo,
de rodillas te alabo, de rodillas te doy gracias,
por dejarme vencer en la batalla,
aunque no fuese de este mundo,
gracias por afilar mi espada,
ante el muerto vencido,
gracias por hacer certeras mis flechas
contra demonios alados,
gracias por traer la luz de nuevo al mundo de mis sueños.
Porque el fuego de nuestro bronce pudo
al atuendo negro del enemigo,
gracias por dejarme bendecir todas las sombras
y espíritus caídos, por permitirles un nuevo camino,
servir a mi destino y designio,
por traer de nuevo el amanecer,
gracias por a mi lado permanecer.
De nuevo hoy como ayer,
de nuevo como en tantas vidas veo pasar,
para ti mi amor será.
De mi espada la livertad,
de mi arco la certeza de un alma liberar,
de mi armadura y escudo el orgullo de invencible,
el abismo conquistar
hasta mi merecido lugar del cielo ocupar.
A tus pies beso tu luz.
A mis pies la vida verá de nuevo su florecer,
aunque falten batallas, contigo la más grande ya la gané.

El Castellano

No hay comentarios: