mayo 30, 2012

Cuento

Entre montañas de azores y valles de ríos dulces,
ven pasar mi espada árboles antíguos 
cobijando a los caídos,
ven lejos los astros orgullosos de sí mismos,
desconocen el hijo de un dios que va por los caminos,
dónde irá ese hombre, sólo él lo sabe,
a una ninfa le prometió una flor de la montaña más remota.
Con raices la trajo sin un solo pétalo perdido,
a la orilla del río la puso, a la orilla del río ella lo quiso,
cada primavera iba a visitarla,
cada primavera su flor de color distinto vistió,
un año notó triste a su flor, extrañaba su montaña,
su ninfa le pidió piedras y tierra de donde fue encontrada,
a si lo quiso, a sí sería,
al llegar a la montaña en el lugar de donde estaba la flor,
allí una serpiente sabia encontró, cual ella le dijo:
si muere esa flor morirá tu alma,
-¿Qué misterios entraña pues dicha hermosa flor?
Es hija de los cielos como tú, contestó.
Sí quieres saber más pregunta a la reina de las mariposas,
que yo estoy tomando el sol.
Cogió las piedras y tierra y marchó,
en el camino una mariposa se posó en su hombro,
le dijo al oído sígueme mi madre te espera en el bosque,
allí fue, la reina de las mariposas, le dijo que esa flor
fue de las más antiguas en crecer después de los helechos,
tan antígua que tenía capacidad de sentir intacta como los humanos.
De ella se despidió tras darla permiso para beber de su néctar.
Rodeando la flor puso la tierra y las piedras,
decidió tras el consejo de la serpiente y de la reina mariposa,
visitar a la flor cada mañana,
su ninfa también se alegró y de él se enamoró,
en amor juntos vivieron, un día la flor se cerró,
en su interior semillas vieron nacer; de cada una de ellas,
la jerarquía de las hadas, ese fue su origen.

El Castellano

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