mayo 28, 2012

Una cita con McDowell



Cuando leí su mensaje  que estaba en el área, ¡quedé en  una pieza! ¿Cómo había llegado tan cerca, sin conocer la isla? Bueno, preguntando se llega a Roma, además los GPS son la orden del día. Bien, estaba en la calle, tenía el carro, así que llegar al lugar era muy fácil. No sabía que iba a conocerle ese día, andaba desaliñada y hacía un calor del carajo, ya tenía al menos tres sudadas secas sobre la piel. Realmente, tampoco me importaba. Era cuestión de ampliar mi círculo de amistades.

Llegué. Me reconoció antes que  a él. Había visto contadas fotos del susodicho, en todas aparecía sentado y rodeado de gente, solo sabía que era algo pálido. De repente tenía frente a mí a un hombre inmenso, alto e irremediablemente anglosajón. -What?- Ahora concluyo que cuando me escribía tenía que hacerlo con un diccionario al lado o pasaba el texto por un traductor, porque escuchar su español era una aventura y entenderlo mi mayor victoria. No quiero saber que pensó de mi inglés. Su marcado acento, me llevó a recordar al profesor Dean Clay McDowell, aquel que nos orientaba sobre el estado del tiempo, cuando el Radar Doppler no estaba ni pensado y su herramienta más confiable era el famoso aguacatito.

¡Ná! Que cará, siempre he dicho que los amigos no se escogen, se presienten cuando están cerca y se reafirman a través del tiempo…

Era un centro comercial, así que tomamos café y en menos de una hora, entre mi mal inglés y su terrible español, reíamos a carcajadas, cosa que me sorprendió, pues siempre pensaba que la gente del otro lao del charco eran habas sin sal, pero…seguimos.

Y así fue, seguimos: tardes, noches y mañanas, ¡café, café y más café! Aquí, allá y acullá. Cada cita era una invitación a la risa fácil y pasarlo bien, sin preocupaciones, sin coqueteos, sin interés alguno…solo ser : realmente fascinante.

Una tarde vi en sus ojos camaleónicos una ternura que me inquietó… “Esto no era” – pensé. Me puse en “defense mode” y la consigna como bandera: ¡No pasará!

Hice todo lo posible por desanimarlo, ¡juro que TODO! Culturalmente era para mi inaceptable. Además, no sé amar en otro idioma que no sea el mío. Como si fuera poco, no había curado totalmente un asunto de desamor que me había llevado de la manito por el camino de la amargura hacia meses. Y ni hablar del Malinchismo, hay que consumir lo que tu país produce, aunque te salga la vianda jojota. ¡Patria o muerte, venceremos!

Recuerdo una tarde que llegó taladro en mano a ayudarme con algunos asuntos inconclusos en la casa…recordé a Bob Vila y me reía. Por cierto, tenía unos brazos muy bonitos…

Eramos dos turistas en mi propia isla, juntos descubrimos que una Mimosa de desayuno en La Boulangerie era refrescante para empezar el día y que los mejores benedictinos son de Café Marquesa, además entendí porque a los norteños les encanta el Bacardí, sobretodo el añejo. Acá entre nos, el azul le sentaba bien…

Pronto se convirtió en mi compañía constante, siempre andábamos perdidos, pues soy mala para rutas y él apenas sabía moverse en el área metropolitana. Había cierta melodía en su sonrisa…

Una vez comentó que nunca había salido con una latina a lo que contesté muy folclóricamente: “Ay mijo, no te afanes". Ya conocerás a alguna para que tengas la experiencia y hasta quizás se apodere de tu gringo corazón.” Después que lo dije, sentí que no me gustó nada la idea… ¡pero pa’ lante!

Acordamos caminar una vez en semana por las playas cercanas, fue en una mañana de caminata, en medio de una conversación, cuando agarró mi cintura con la fuerza y la decisión que solo hubiera esperado de un hombre latino. Me llevó hacia él y me besó…un beso lento, suave, tierno…recordé los arqueólogos cuando con sumo cuidado van removiendo la tierra para descubrir los detalles de lo recién hallado…mi mente comenzó a sufrir un ataque de conciencia histórica: año 1898, Dr. Cornelius Roads, Don Pedro, Filiberto, el FBI, la bandera…

Una cosa llevó a la otra…entonces me sumergí en sus ojos de colores. Ya mi mente navegaba por un mar plácido, cuando me preguntó: "Do you love me?" -  y muy quedito a su oído, quizás sin querer  escucharlo le dije - "Yes, I do!"

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