abril 03, 2013

Desde el silencio

 viernes, 21 de diciembre de 2012

Se levantó con las manos llenas de incertidumbres, con un paso lento por dormir entre botellas y latas que cambiaron su  sueño, la cual cuando se miró al espejo apenas vio sus ojos. Se levantó con signos de preguntas colgados en sus orejas como aretes y tantos puntos suspensivos entre sien y sien, que parecia Cleopatra con sus alargados ojos. Dio vueltas  por el patio de la casa asumiendo, ser la finca de sus sueños, echó pelea con las lapas que se comieron las semillas que había sembrado unos días atrás, cuando le hacía falta enterrar sus pies y manos en la tierra para un intercambio energético. De otra parte, la perra se estaba comiendo las plantas, destruyendo día a día el patio. Cuanto detesta a la dichosa perra, le rompe las plantas, juega con los tiestos, le hace hoyos  en la tierra y ahora se ha antojado de comerse el árbol de limón que con tanto esmero ha venido cuidando por siete años y cambiando de tiesto en tiesto, subiéndolo a la casa cuando se retoma el invierno para no perderlo.


Sus manos en la mañana son más grandes y menos fuertes. Toma su café con el deseo de despertar a tantas cosas, que despierten sus ojos aún entreabiertos y que se despierte la vida que anda adormilada en sus adentros. Creo que es el café lo que la hace levantar en las mañanas, en ocasiones la he oído decir es hora de tomar café y momentos luego se levanta.
Desea reinventarse, pero ahora mismo tiene una grieta por donde se le escapan los deseos. 
La he oído decir que desea un viaje, un viaje para cargar baterías. Quiere hundirse en sus raíces, quiere untarse de la esencia que le dio el aroma a sus primeros años, quiere volver al vientre de su madre, quiere volver a los brazos de su abuela que peinaba de niña su cabello y escuchar nuevamente los sabios consejos del abuelo. Sus ojos se llenan de nostalgia y un gran peso se le viene encima, ve como algunos sueños se van espumando y ahora le toca solo procurar subsistir en una sociedad que supone brinda miles de oportunidades, pero o es tanta gente tras lo mismo o ya se acabo ese sueño.


Aún no despierta ya va por la segunda taza de café. Dejó todo por un momento y se fue a untar una crema en la cara y en las manos ya que siente la piel muy seca, claro si la he oído decir que no le gusta el agua, lo que está es deshidratada, tanto que es total.
Mira a su alrededor y encuentra un cúmulo  de vacios, de espacios que no tienen ningún recuerdo, de entradas de luces que no emiten brillo y una decoración de sobrevivencia que cuida porque es su única posesión, que remedio le cuesta. En ocasiones desea leer, pero no tiene espacio siquiera para colocar sus libros que tanto ama y atesora. Los tiene guardados en cajas en un escaparate cerrado casi con llave para que el espíritu de las letras no se escape. Se queda en momentos mirando a lo largo, viendo como las ramas de los árboles coquetean con el viento, oyendo como las hojas aplauden cuando la brisa las acaricia y viendo cómo el sol se cuela y hace diseños en el paisaje. Se hace tantas preguntas que no tiene respuesta o quizás tantas que confunden a cualquiera. Desea otra taza de café ya esta sería la tercera en menos de hora y media que lleva de levantada.


Le tiene miedo a la mentada recesión, ya que no es sólo económica. Es una recesión en la vida, en los sentimientos, en los pensamientos, que paraliza casi como el miedo mismo.
¡Esta exhausta! Ha luchado contra tantos dragones que desea ahora pintar las paredes de su casa para ver si cambiando el aspecto de la misma no la encuentran y puede dormir en paz, relajar su cuerpo que esta como un tensor de tormentera.
Mientras, la oigo decir; que lavará su cara, bañará su cuerpo, usará el perfume que más le gusta se vestirá de fiesta y se lanzará a la aventura de la vida con el cuchillo en la boca porque no tiene tiempo, el tiempo se agota, no regresa, no lo podemos atrapar entre las manos es voluntarioso, caprichoso e irreverente.


Abre uno de sus baúles y allí deja bajo llave todo lo que le atormenta, las preguntas sin respuestas, las manos vacías de deseos, los ojos nublados de lágrimas los oídos llenos de silencio, los pies cansados, las caderas tensas. Mientras, abre otro baúl y saca la armadura, las pinturas de cara, ojos y labios para enfrentar la próxima batalla, para enfrentar  el día que emerge, con sus tacones altos, su sonrisa partida y el cabello suelto para que sus brujas la posean, la monten en la escoba y la lleven lejos.

Poesía Felina
octubre 2012

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