julio 22, 2013

Historia de un camino

Busco el camino a casa.
Llevo días buscándolo.
Ni siquiera oigo ladrar los perros.
Ni siquiera reconozco las piedras del camino.
El aire no refresca los pulmones, enturbia.
Busco el camino a casa y ya me duelen los pies,
y el horizonte camina más rápido que yo,
se nubla, desmerece, caduca.
Busco el camino a casa
y las calles se trenzan en laberinto infinito y sordo.
Busco el camino a casa
y creo que me voy a sentar en la acera en lo que me ubico:
            hace frío, huele a lluvia, las velloneras ya pararon de cantar.
            No hay nadie en esta ciudad perdida y triste, el silencio ruge.
Y pensando, escucho mis propias voces.
Tienen una seria discusión, animada, hiperbólica, encabronada…
(Seriamente encabronada, para ser honesta)  
Discuten a cerca del camino a casa;
cada una tiene su propia teoría de la ruta, de los atajos,
de los pormenores de la senda y de la musiquita de fondo para el caminar.
Se entienden, se comprenden, se escuchan…
Pero el poder no escapa ni de la ideas y todas quieren prevalecer.
Y que todas prevalezcan sería una locura ¿Lo sería?
Ya me agoté de la discusión, y del frío y del puto camino.
Decido levantarme.
Y dejo que las voces suenen claramente en los labios.
Le sacuden la dormilona a los recovecos de la calle.
Los perros empiezan a ladrar y los gatos se asoman casi indiferentes
(como sólo ellos saben hacerlo).
Es un sonido cantadito, tranquilo, sereno,
Como quien le canta a un bebé para que se duerma.
Según caminaba, las voces se asomaban a mi canto,
Les va bajando el encabronamiento.
La cura esta en la palabra, una vez me dijeron.
Sin darme cuenta, llegué a casa.
Prendo el último cigarrillo.
Las endorfinas me hacen cosquillitas y sonrío.
Buscando el camino a casa, enloquecí un chin,
y vacilé otro tanto.
Hay gente que dice que el camino es lo que importa.
Yo digo que hoy, lo importante es cruzar ese balcón,
Quitarme los zapatos, encontrar el silencio feliz de mi cabeza,
Dejar que el agua me recorra fosforescente,
Y tenderme apacible y silente en esa cómplice de sueños hasta el día siguiente.
Mañana, ¿quién sabe cuál sea el camino a casa?

2 comentarios:

Tercer Piso dijo...

Que bueno ha sido leer esto hoy en la mañana, gracias YinLulaLibe. No sé si ha sido la Luna llena, dicen que es el momento en que los animales del bosque salen a cazar y a aparearse, no me consta, solo se que salen y yo también salí, entonces ya afuera, cansada y media frustrada me he preguntado si el camino de vuelta a casa es realmente el que debo tomar, pues el físico descansa en esa madriguera, pero mis voces no! Cual es el camino que me llevara al encontrarme o reencontrarme con aquello que no tengo claro que es, pero si lo que no es!

YinLulaLibe dijo...

los caminos confusos son los que nos apertrechan el espíritu con sabiduría... abrazos