diciembre 20, 2014

Cuando volvamos a vernos





Hoy amanecí adolorida dos veces:  una,  por la espantosa caída que sufrí ayer y la otra, porque me duele el alma muy adentro.  Y para eso no hay analgésico que valga.

Entre las dolamas, esta mañana leo un comentario de un amigo sobre lo que genera la simpleza de una mirada y  declaró una verdad. Pero eso cada vez es más escaso y nos urge, bueno al menos a mí. 

Ya es común que las relaciones humanas, comiencen desde la protección de un monitor. Tú allá, yo acá. No hay contacto visual, ni físico. Reina una mezcla de temor y  mezquindad, evitando a toda costa estrechar una mano, ofrecer un abrazo o una simple caricia sin prisa, ni títulos. 

Por otra parte, las conversaciones escritas no recogen nuestros sentimientos, para lograrlo tienes que hacer mano de una gran cantidad de figuras visuales, adjetivos, adverbios y aun así, puede que se malentienda. Te puedo escribir un: Sí. Pero no puedes sentir, si ese Sí es generoso, cordial, triste, molesto o alegre. Queremos proyectar cero emociones, eso nos aleja cada día más. 

¿Por qué tememos? ¿A qué tememos? ¿A dejar ver nuestras emociones? ¿A ser humanos? ¿No es eso acaso lo que somos? 

Conocerse, compartir, conversar, reír, escuchar la respiración del otro, caminar juntos, no significa que te estás comprometiendo! Vamos y si en el peor de los casos eso surgiera, no veo lo malo, no es pecaminoso, todo lo contrario, es estrechar lazos afectivos y esto no hace mal al cuerpo, ni a la mente y menos al espíritu.

Espero vehementemente que algún día los seres humanos decidamos volver a vernos, a mirarnos, a compartir y que entonces el amor nos salve. 


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